Roger Bacón (1214-1294)


Se atribuye a Roger Bacón, que vivió en el siglo XIII, el haber inspirado a Cristobal Colón para que hiciera su viaje de descubrimiento en el siglo XV.

En la sección de matemáticas del Opus Majus, Bacón indicó la posibilidad de llegar a las Indias navegando hacia el occidente desde España.

Este pasaje impresionó tanto a Colón que lo citó en una carta dirigida a los Reyes Católicos Fernando e Isabel. Tal vez sirvió inclusive para persuadir a los dos monarcas de que ayudaran al navegante italiano en el viaje que lo llevó a descubrir América.

Es notable que a este hombre, que tuvo poca importancia en las ideas de su tiempo se le considere en la actualidad como el primer científico moderno. En el siglo XIII escribió sobre máquinas que navegaban sin remos, carros que se movían con increible rapidez sin animales de tiro y aparatos voladores en que un hombre que accionaba cierto mecanismo, hacia que unas alas artificiales batieran el aire como un pájaró.

Áunque los documentos no están en completo acuerdo, se dice que Bacón nació en el año 1214, en Ilchester (Inglaterra). Cuando tenía doce años de edad ingresó en Oxford, donde se hacían los estudios en latín.

El curso de estudios consistía en el trivium (gramática, retórica y lógica) y el quadrivium (aritmética, música, geometría y astronomía). Al trivium y el quadrivium juntos se les conocia como las "siete artes liberales". Bacón recibió su grado en Oxford y se quedó para dar clases y estudiar.

Los científicos medievales mostraron a veces una extraña indiferencia por las mediciones exactas, y a menudo repitieron errores basados en experimentos no verificados, copiados de antiguos escritores. Contra tales males del escolasticismo levantó la voz Rogerio Bacón, criticando a sus contemporaneos por su ignorancia y su disposición a perpetuar el error cuando bastarían las observaciones más sencillas para demostrarles la verdad. A diferencia de otros de su época, Bacón pareció darse cuenta de la enorme información que era necesario desenterrar, y aunque respetaba la obra de los antiguos, no podía creer que hubieran hecho las aportaciones finales al conocimiento.

Un resultado de la Cuarta Cruzada fue que muchos manuscritos griegos llegaron a manos de los sabios, que antes sólo conocían las obras científicas de los antiguos en su traducción árabe. Bacón estaba versado en el latín, el griego, el hebreo y posiblemente el árabe, de manera que le fue posible interpretar estos manuscritos.

En 1245, Bacón estaba disertando sobre Aristóteles en la Universidad de París, donde lo invitaron porque eran pocos los que en esa ciudad estaban preparados para la tarea. De ese periodo se han impreso ocho conferencias sobre Aristóteles. Las que se conservan están en forma de preguntas y respuestas (Quaestiones), técnica enmpleada por Bacón y que permitía un mayor grado de intercambio de ideas entre el maestro y el discípulo.

Antes de 1250 volvió a Inglaterra, dominado por las ideas de la unidad del conocimiento en que todas las ciencias están relacionadas reciprocamente y son mutuamente valiosas.

Deseoso de adquirir la mayor cultura posible, gastó grandes sumas de dinero en comprar libros, instrumentos y documentos a fin de convertirse en una audaz autoridad, deseo que no pudo realizar en su vida.


Se desconoce la fecha exacta en que se hizo monje de la orden franciscana, lo mismo que la razón para que diera ese paso. No cabe duda de que consideraba que el fin último de la ciencia era el de servir a la Iglesia y creía que la cristiandad estaría protegida gracias a su poder sobre la Naturaleza.

Aunque como miembro de una orden religiosa, se le permitió proseguir sus investigaciones, no se le alentó a publicar sus obras y a menudo se le reprendió cuando su obra lindaba con lo que se consideraba entonces magia.

Se hizo acreedor a la hostilidad de su orden por sus constantes críticas a sus métodos y por dedicarse a experimentos prohibidos; en 1257 fue enviado por sus superiores a París, donde era posible ejercer una vigilancia y una restricción más cuidadosa. Hay pruebas de que apeló al Papa Clemente IV para que le ayudara, con la esperanza de pérsuadirlo a cambiar la enseñanza en las escuelas cristianas a fin de que se hiciera mayor hincapié en las observaciones y la experimentación. En una carta fechada en 1266, el Papa le pidió a Bacón que le enviara su obra "a fin de que podáis declararnos con vuestros escritos que remedios os parecen adecuados para esas cuestiones que, como habéis insinuado recientemente, son de tan grande importancia y hacerlo tan en secreto como podáis y con el menor retardo posible". A pesar de las dificultades que entrañaba este mandato, antes de un año estaban en camino el Opus majus y el Opus minor.

El Opus majus fue su obra principal y demostró que Bacón resultaba uno de los pensadores más profundos y originales de su época, a pesar de que tambien profesaba algunos de los prejuicios de su tiempo.

El Opus majus se dividia en siete partes:


El Opus minor, que envió con su tratado principal, era un resumen del Opus majus por si el Papa estaba tan ocupado que le fuese imposible leer la obra mayor.

En los días de Bacón, el rechazo de la autoridad para aceptar las creencias era un paso importante y valeroso, sobre todo para el miembro de una orden religiosa. "Significaba la rebelión completa contra el espirítu del escolasticismo; era la afirmación de la libertad de pensamiento, del derecho de la ciencia a proseguir hasta llegar a sus propias conclusiones…"

Se ha descrito a Roger Bacón como un "escolástico progresista" que criticaba a sus contemporaneos por su excesiva consideración a la autoridad y que predijo inventos desconocidos para el hombre de su época. Al parecer, previó descubrimientos fundamentales, como la posibilidad de circunnavegar el globo, de impulsar las naves con medios mecánicos, de volar, de utilizar la propiedad explosiva de la pólvora y de mejorar la visión humana mediante el uso adecuado de lentes. Quizá no se considere notable ninguna de estas predicciones por si sola, pero la combinación de tantas resulta extraordinaria.

Su principal derecho a la fama se lo dio su fe en el método experimental. Aunque hizo pocos experimentos y no estaba versado en las matemáticas superiores, vio mejor que todos los de su tiempo que las matemáticas eran la clave de las ciencias pero consideró que se necesitaba la experimentación para realizar las investigaciones que sugería la deducción matemática.


Aunque en sus días fue infructuosa su carta al Papa a favor de la corrección del calendario, se le atribuye autoridad para que se adoptara la corrección gregoriana en 1582.

Bacón vivió quinientos años antes de que apareciera la Química como la conocemos hoy.

La alquimia era la química en su periodo cientifico y, como tal, se confundia a menudo con la magia. Para Bacón, era un medio de estudiar la transición de la materia en su forma final y, si se ocupó de la magia lo hizo para poner de manifiesto "las locuras del mago" mediante las pruebas de la ciencia experimental. Fue uno de los primeros en insistir en que la medicina usaría los remedios que proporcionaba la química.

Es cierto que copió de las obras de otros, pero agregó algo propio a las obras de cada uno. Existen indicios de que experimentó con la pólvora, que hasta entonces se usaba sólo para hacer fuegos artificiales; sugirió que aumentaria el poder explosivo de ella si se encerraba en un instrumento de material sólido.

Su principal aportación estribó en sus esfuerzos para dar uso práctico a lo que ya se conocía. Tenía una concepción perfectamente clara del microscopio y su mente científica lo llevó a sugerir las posibilidades de acercar los objetos distantes y de agrandar los pequeños.

Continuó el estudio del arco iris, experimentando con el Sol en diferentes posiciones con relación a las gotas de la lluvia y al observador, e indicó que el arco iris se produce por la refracción de la luz del Sol al pasar a través de las gotas discontinuas de agua.

Los árabes idearon un método para aislar las estrellas, observandolas a través de un tubo; sin embargo, se reconoce el mérito de Roger Bacón por las sugestiones que hizo y que condujeron a la invención del telescopio.

La historia oficial del telescopio comienza en 1608, a pesar de que sus principios ópticos de funcionamiento ya habían sido enunciados en el siglo XIII por el sabio inglés Roger Bacón.

En la esfera de la óptica, sabia que el uso de los espejos parabólicos hacía que todos los rayos reflejados se concentraran en un solo foco.

Describió el uso de la geometría práctica en esferas tales como la fabricación de instrumentos astronómicos, instrumentos musicales, instrumentos ópticos, utencilios médicós, quirúrgicos y aparatos de química.

 

 

Es evidente que le dominaban más las matemáticas aplicadas que las abstractas.

A Bacón le interesaba profundamente la astrología. Creía que las estrellas y los planetas ejercían un poderoso influjo en todo y en todos. Consideraba que la observación cuidadosa de la posición de las estrellas en el momento del nacimiento sería útil para predecir el porvenir del individuo. En esas creencias, no era distinto de otros hombres cultos de la época medieval. Hacía una distinción clara entre la astrología y la magia, más gran parte de lo que creyó se considera en la actualidad que es error y superstición.

Al volver a Oxford, pensó en escribir una obra enciclopédica sobre todas las ciencias, pero es dudoso que haya podido terminarla. Existe un fragmento de la Communia Mathematicae (Principios de Matemáticas) y la mayor parte de la Communia Naturalium (Pricipios de Física) y De Coelestibius (Sobre las esferas celestes). Existen copias de estos manuscritos en varias bibliotecas europeas.

En 1277, Jerónimo de Ascoli, general de los franciscanos "condenó y reprobó las enseñanzas de Fray Roger Bacón por contener algunas novedades sospechosas a causa de las cuales el Roger Bacón fue condenado a prisión".


Como no se explica en qué consistían esas "novedades", es posible que su condena se basara (sobre todo por sus ataques a san Alberto Magno y a santo Tomás), o en la animosidad provocada por sus críticas a la autoridad.

Probablemente su prisión duró hasta 1294 año en que murió Jeronimo de Ascoli, que se habia convertido en el Papa Nicolas IV.

Se fijó la fecha de la muerte de Bacón en 1294, indicando que "el noble doctor fue sepultado en Oxford, en la fiesta de San Bernabé, el apóstol".

Roger Bacón conocía las teorías de Arquímedes y pensó que si el agua puede soportar el peso de un barco el aire también podría soportar el peso de una nave.

Adivino a medias, hombre de ciencias a medias, Bacón fue durante su vida un enciclopedista notable que reunió una gran riqueza de conocimientos en su deseo de demostrar su unidad y su relación con la revelación divina.

En la historia de la ciencia ha ido aumentando su estatura a consecuencia de la profundidad, diversidad y capacidad creadora de su pensamiento.

 

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